sábado, 24 de noviembre de 2007

A posteriori

Hace casi tres semanas que volví de Ucrania. Por hache o por be no he podido o querido ponerme a terminar esta entrada que había de culminar el cuaderno de viaje. Tres semanas quizá no sean mucho, pero cuando uno se sumerge en la cotidianeidad bastan para que ese viaje parezca haber tenido lugar en alguna época lejana. Asimismo, las reflexiones que entonces me parecían prioritarias hoy han pasado a un segundo plano.

A veces me pregunto si el sentido real de los viajes no será el viaje de vuelta. Cuando uno se va, desconecta de la realidad a la que pertenece. Todo, bonito o feo, bueno o malo, mejor o peor, es diferente y lo absorbemos con los sentidos bien alerta. Es a la vuelta cuando uno, si mantiene los ojos igual de abiertos, confronta la que hasta entonces había sido su realidad cotidiana desde una perspectiva nueva. Es a la vuelta cuando uno puede ser realmente sensible a lo que le rodea, ya sea para criticarlo, ya para apreciarlo o, simplemente, para percibirlo de forma consciente. Desde que me di cuenta de ello no sólo me gusta irme de viaje, sino también volver a este lugar que cada vez considero más mío. Y, paralelamente, mis viajes no son ya una huida.

Dado que es a través de los sentidos como captamos la realidad que posteriormente interpretamos y juzgamos, no puedo menos que alegrarme por el aprendizaje visual que estoy desarrollando gracias a mi nueva afición, la fotografía, la cual a su vez es estimulada por ese aprendizaje, de modo que uno y otra se van retroalimentando. Tanto es así que cada vez que vuelvo a Varsovia empiezo a ver fotos potenciales en lugares a los que nunca había prestado atención alguna.

Pero, diréis, ya va siendo hora de escribir algo sobre Ucrania. Ucrania es el país más grande de Europa después de Rusia. Tiene casi cien mil quilómetros cuadrados más que España. En población andamos casi parejos, pero al ritmo que van las cosas (la inmigración en España y la emigración desde Ucrania) pronto los superaremos. Su producto interior bruto es diez veces menor que nuestro, por detrás incluso de países como Colombia, Paquistán, Rumanía o Nigeria. Es un país donde apenas hay diversidad étnica. La minoría más importante es la rusa, que constituye alrededor del 20% de la población. Simplificando mucho, diremos que las divisiones entre proeuropeos y prorrusos se reflejaron en la Revolución Naranja de 2004 y en las recientes elecciones de este año, donde el pastel quedó repartido de tal modo que partidos antes irreconciliables se sentarán juntos en el gobierno.

¿Que decir esto es como no decir nada? Ya lo sé, pero las estadísticas son un buen punto de apoyo. O de agarre. En cualquier caso yo no he visto Ucrania, sino L’viv, ciudad de 800.000 habitantes, capital del distrito homónimo, el cual hasta el final de la Segunda Guerra Mundial perteneció a Polonia. Como habréis deducido de las entradas anteriores, todavía quedan en L’viv (aunque cada vez menos, por razones evidentes) polacos que decidieron quedarse en su tierra a pesar del cambio de soberanía; y múltiples descendientes de aquellos, que se llaman a sí mismos polacos. En cuanto a los ucranianos, me llamó la atención la forma de vestir. Ellas, como en todos los países eslavos (aunque no sé si es una cuestión de eslavidad o de postsovietidad) que conozco, tienen un concepto de la elegancia (para nosotros rayano en lo hortera, lo afectadamente femeninoide y/o exageradamente provocativo, por no decir otra cosa) al que se ciñen rigurosamente. Ellos, en lo que a la vestimenta se refiere, pueden dividirse en dos grupos: los que van todos de negro con jersey de cuello vuelto y cazadora de cuero y los que llevan pantalones vaqueros y chaquetas “normales”. No afirmo que la correspondencia sea unívoca, pero para mí la forma de vestir es una metáfora de las dos tendencias políticas predominantes, la prorrusa y la proeuropea. En algunos casos el afán por ser absolutamente europeo produce imágenes caricaturescas (equivalentes, por otra parte, a las que abundan en Madrid de chavales blanquitos imitando la estética de los negros neoyorquinos o los jugadores de la NBA).

Ucrania pretende adherirse a la Unión Europea en un futuro próximo. Cuando vi las restricciones de agua, los edificios semiderruidos en pleno centro de L’viv y las cafeteras con ruedas que circulan por esas calles empedradas me costó creerlo. Sin embargo, luego me di cuenta de que el parque móvil polaco de hace diez años no debía diferenciarse mucho del ucraniano actual; de que la ruralidad ucraniana se parece muchísimo a la de cualquier país de esta zona del mundo; y de que incluso en la avanzadísima España no hace mucho las restricciones eran el pan nuestro de cada verano en lugares como Almería. Así que espero que lo consigan, pues les vendría bien una inyección de fonditos europeos para modernizar el país. Eso sí, como adopten el euro y el coste de la vida suba como en España, no quiero saber lo que ocurrirá.

En general, L’viv se parece a la idea que tengo de Cracovia hace 15 años. Una ciudad de herencia austrohúngara y encanto decadente, llena de rincones inexplorados, rincones donde lo bello, lo sucio y lo agonizante se dan la mano, rincones vivos, en suma. Nada que ver con la monumental Praga o la deslumbrante Viena, ciudades de postal, conservadas en formol. L’viv es una ciudad humana, donde uno puede pasear sin rumbo, sentirse el primero en descubrir determinados lugares y mezclarse con una población todavía no insensibilizada por el turismo masivo.

Quienes me conocen saben que para mí no hay mejor souvenir que algo de música local. Pues bien, mientras que en otros lugares me ha costado encontrar discos que merecieran la pena, en Ucrania (gracias a la recomendación de las dependientas de una tienda de discos, a la de Tomek, un polaco que conocí, y a mi propia exploración) he encontrado varios grupos recomendables: Тартак (Tartak), Бумбокс (Bumboks) y, sobre todo, un grupo muy curioso que se llama 5’Nizza o Пятница (Pyatnitsa). Como despedida os dejo con ellos:







4 comentarios:

Anónimo dijo...

Por cierto, me encanta la entradilla del blog con la traducción del nombre de la ciudad a diferentes idiomas :))

KaZe dijo...

gran grupo 5'nizza ;)

Es un gustazo leer tus diarios de viaje.

Ahora mismo estoy leyendo "Sin noticias de Gurb" , y en cierto modo, me recuerda a ti

KaZe dijo...

.

diario de dime ho dijo...

Buceando en Google en busca de información sobre Lviv, que visitaré la próxima semana, descubrí tu blog viajero que me enganchó y no pude interrumpir su lectura hasta finalizar todas tus entradas.
Felicitarte por tu estilo narrativo, tan diferente a blog usuales, y agradecerte tu trabajo literario que tan altruistamente nos has dejado.
Realmente he disfrutado de tu visión en "blanco y negro" de Lviv.